El Ayuntamiento de Salamanca sigue sumando naturaleza a la ciudad. Durante el último año, las zonas verdes municipales han crecido con 8.332 nuevos árboles y arbustos, alcanzando la impresionante cifra de 94.442 árboles y 49.199 arbustos repartidos por todos los barrios. Y lo mejor está por venir: este otoño se plantarán 32.663 ejemplares más, incluyendo un gran bosque en el Polvorín de Tejares.
Una ciudad que respira verde
Actualmente, Salamanca cuenta con 2.740.091,86 metros cuadrados de zonas verdes municipales, lo que supone 10.500 más que el año pasado. Esto equivale a 18,7 metros cuadrados por habitante, el doble de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) para vivir en un entorno saludable.
Si además se suman las áreas de la ribera del Tormes —bajo competencia de la Confederación Hidrográfica del Duero—, el campus universitario y patios privados, Salamanca puede presumir de tener al menos un árbol por cada vecino.
Otoño verde: más de 32.000 árboles nuevos
Entre octubre y diciembre, el Ayuntamiento llevará a cabo una de las mayores plantaciones de los últimos años. Los nuevos ejemplares llegarán a parques, plazas, jardines, glorietas, medianas y zonas forestales. La joya del proyecto será el gran bosque en el Polvorín de Tejares, pensado como un pulmón natural para toda la ciudad.
Estas acciones forman parte del Plan Especial de Protección de Infraestructura Verde y Biodiversidad y la estrategia Savia Red Verde, con el objetivo de hacer de Salamanca una ciudad más saludable, adaptada al cambio climático y con una mayor calidad de vida.
Reconocimientos internacionales
Este compromiso con el medio ambiente no ha pasado desapercibido. Salamanca ha sido distinguida con el reconocimiento internacional “Tree Cities of the World 2024”, otorgado por la FAO y la Arborday Foundation. Además, ya en 2022, recibió el Premio Árbol del Foro de las Ciudades de Madrid IFEMA por su apuesta por los espacios naturales urbanos.
57 especies que cuidan la salud
Las nuevas plantaciones incluirán 57 especies autóctonas y multifuncionales. La elección no es casual: estas variedades fomentan la biodiversidad, atraen polinizadores como abejas y mariposas, y ayudan a combatir plagas de forma natural. También contribuyen a aumentar la población de aves urbanas —como gorriones, mirlos o jilgueros— y a generar paisajes llenos de color durante todo el año.
Además, diversificar las especies evita riesgos sanitarios como los que provocó en su momento la grafiosis en los olmos, y actúa como un sumidero de carbono, ayudando a mitigar el cambio climático.


