El Ayuntamiento de Salamanca ha finalizado la instalación de una noria de sangre en las laderas del Cerro de San Vicente, gracias a la donación de la familia Barbero. Esta pieza, restaurada y colocada en el lugar donde antaño funcionó otra ya desaparecida, se convierte en un valioso testimonio del patrimonio hidráulico tradicional que aún se conserva en la ciudad.
Un guiño al pasado agrícola de Salamanca
La nueva noria ocupa el espacio en el que, hasta finales del siglo pasado, funcionó otro ingenio similar que servía para regar los terrenos de cultivo de la zona. Estos sistemas, movidos originalmente por tracción animal —de ahí el nombre de “noria de sangre”—, eran fundamentales para la vida agrícola de la Salamanca de otros tiempos, garantizando el suministro de agua a los bancales del cerro.
La instalación ha requerido un exhaustivo trabajo de limpieza y restauración, tanto en el pozo como en los muros de mampostería. Se han repuesto algunos de los mampuestos deteriorados y se ha colocado la maquinaria tras una completa restauración en un taller especializado.

Un patrimonio que vuelve a la vida
La noria, donada por la familia Barbero, fue fabricada en su momento por la empresa salmantina Metalúrgica del Tormes S.A., y ahora se erige como un símbolo de identidad y memoria histórica.
La construcción se levanta sobre uno de los bancales de las laderas del cerro, delimitada por un muro de mampostería en seco que alcanza hasta 4,5 metros de altura en su parte más elevada. El espacio interior está rellenado de tierra y forma una plataforma donde se ubica el pozo rectangular, delimitado por un muro que acogía la rueda y los accesorios de la maquinaria original.
La primera noria de la zona era de madera, aunque, ya en el siglo XIX, sus piezas fueron sustituidas por componentes de acero de fundición, adaptándose a los avances de la época.
Un recurso cultural y turístico
Además de recuperar este ejemplo único de la arquitectura hidráulica tradicional, el Ayuntamiento instalará un panel informativo para que vecinos y visitantes puedan conocer mejor la historia y el funcionamiento de este ingenio mecánico.
De este modo, el Cerro de San Vicente —ya de por sí un enclave cargado de historia, considerado como el origen de la ciudad de Salamanca— suma un nuevo atractivo patrimonial que invita a pasear por sus laderas y a descubrir la huella de la vida agrícola y artesanal de siglos pasados.
Una apuesta por la memoria y la identidad
La colocación de la noria de sangre supone recuperar un pedazo de la memoria colectiva de Salamanca, poniendo en valor el legado de quienes trabajaron la tierra con ingenio y esfuerzo. Al mismo tiempo, contribuye a reforzar el carácter histórico y cultural de un espacio que es punto de encuentro para ciudadanos y turistas.
Con esta actuación, Salamanca no solo rescata una pieza del pasado, sino que la transforma en un recurso educativo y cultural, uniendo tradición y futuro en uno de los paisajes más emblemáticos de la ciudad.



